Salvador Glez.

El Limoncito

Febrero 11, 2019.

La Ostionería “El Limoncito”, instalada desde 1989 en los locales 156 al 159 del mercado de Coyoacán, celebra este 11 de febrero, 30 años de complacer a paladares mexicanos y extranjeros.

Hace tres décadas, Salvador González “Chava” junto con su esposa Nelly, emprendió la aventura de vender mariscos de calidad y a buen precio. Desde entonces, atiende el negocio apegado a su particular filosofía de vida: transpirar alegría; sus clientes reconocen en él un buen sentido del humor, pero, sobre todo, una calidad humana especial.

 

Su negocio lleva por nombre “El Limoncito” como un homenaje a su padre, con quien vendió limones durante muchos años y del que aprendió de algo tan insignificante como un limón, que pueden obtenerse beneficios medicinales, de sabor y económicos.

La vida de “Chava” es una historia de trabajo honesto y su forma de ser lleva impregnada sencillez, honestidad y humildad. Asegura no usar alhajas, relojes, y mucho menos “paya-cel”, considera que la mayor riqueza está en la felicidad: “hoy tenemos, pero mañana no sabemos”, dice con sabiduría.

 

En diversas ocasiones, “Chava” ha defendido los mercados públicos frente a posibles privatizaciones. Además, su compromiso con los mercados y la tradición que representan, lo llevaron a ocupar un espacio en el libro “El patrimonio cultural inmaterial de los mercados públicos en la Ciudad de México” de Mario del Roble Pensado Leglise.

30 años de servir con humildad y complacencia:

Salvador González “Chava” junto con su esposa Nelly, emprendió la aventura de vender mariscos de calidad y a buen precio.

Fiel a su estilo alegre y en agradecimiento a la lealtad de sus clientes, compuso una canción que él mismo interpreta frente a sus comensales. Contento, entona “La Marchanta”, titulada así por Chava para hacer referencia sobre algunos locales y productos que se venden en el famoso mercado de Coyoacán.

La frase popular “mi casa es tu casa” nunca había cobrado tanta fuerza para Salvador, hasta el año 2007, en que su vida dio un giro emocional. Su hija Paulina le pidió dar alojo, durante 15 días, a un grupo de jóvenes músicos principiantes que había conocido en el centro de eventos Sala del Rey en Córdoba, Argentina.

 

Tras la autorización, Martín y Diego Pampiglione, Agustín Cuadrado, Armando Mansilla, Gabriel Garita, Juan Carlos Taleb, Marcos Ozamis, Mariano Baigorria, Ramiro Ambrosi, Valentín Scagliola y Lucas, mejor conocidos como “Los Caligaris”, fueron recibidos con la calidez y hospitalidad que caracteriza a los mexicanos, en la casa de la familia González, ubicada en la Alcaldía Coyoacán.

“Mi casa es su casa”

La frase popular “mi casa es tu casa” nunca había cobrado tanta fuerza para Salvador, hasta el año 2007.

En ese momento nació una especial conexión Chava-Caligaris. Durante los primeros 4 años en que la banda se presentaba en tierras mexicanas, él se convirtió en su “guía de turistas”. Los llevó a conocer el Metro de la Ciudad de México, el Ángel de la Independencia, las Pirámides de Teotihuacán y el Mercado de Coyoacán. A Martín, por ejemplo, lo hizo caminar kilómetros para conocer el emblemático Estadio Azteca, mientras le narraba la histórica ocasión en que Diego Armando Maradona hizo allí, la llamada “mano de Dios” en el partido mundialista de 1986.

Su padre mexicano, como ellos mismos lo bautizaron, ha estado en todo momento, desde sus presentaciones en el foro Alicia y el Chopo, su primer concierto en el Teatro Metropólitan, cuando abrieron telón a los Auténticos Decantes, en el festejo por 20 años de trayectoria en el Palacio de los Deportes, y hasta sus últimas 4 presentaciones en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

 

En los planes familiares de Chava siempre estuvo el deseo de tener un hijo varón,con esta oportunidad, consiguió 13 adoptivos. Los Caligaris con Chava, su esposa e hijas, recibieron no solo el alojo temporal en una casa hipotecada, sino el amor y todas las gentilezas de una familia. Como una verdadera figura paternal, sus consejos siempre versaron en torno a la humildad y sobre todo a la solidaridad y la felicidad como claves para alcanzar el éxito.

 

A lo largo de tantos años de convivencia, las lecciones de hijos a padre también se presentaron. Una ocasión en particular que marcó a Don Chava, fue cuando el grupo argentino le pidió que entregará juguetes en un orfanato. A partir de esa experiencia, Salvador organiza una celebración anual para todos los niños del mercado, en la que él mismo se disfraza de payaso, luchador y hasta de “Cha-

Batman”.

 

El reconocimiento de los Caligaris con la familia González no sólo está plasmado en los agradecimientos de cada disco lanzado por la banda, también les ha sido otorgado en diversos conciertos en México. El más emblemático fue el festival Vive Latino 2017, Salvador apareció en el video de cuenta regresiva previo al inicio del concierto y en la canción “kilómetros”. El vocalista pidió ante los miles de asistentes, un aplauso para “Chava”, por la hospitalidad que les dio todo este tiempo.

Paulina, hija de Chava y hermana adoptiva de los Caligaris, mantiene una cercana relación con la agrupación. Las pasadas fiestas decembrinas las compartió con ellos y sus familias en Argentina.

Expresa que después de tantos años, el vínculo afectivo continúa y es de reconocerse la dinámica grupal que mantiene la banda, puesto que son muchos integrantes y en el ámbito musical los conflictos internos o de familiares cercanos son causa del declive de muchas agrupaciones musicales.

 

La próxima gira de los Caligaris en México se denomina “Espíritu Payaso” y dará inicio el próximo 21 de marzo en Guanajuato, para continuar el 23 en el Festival Tecate Pal Norte; el 24 en Metrópoli de Torreón; el 28 en el Palacio del Arte de Morelia; 29 de marzo en Naucalpan; el 30 en el Festival Acrópolis de Oaxaca y el 31 en el Centro Cívico de Ecatepec.

 

En abril se presentarán en Puebla del día 3; en la Plaza de Toros Santa María de Querétaro el 5 de abril; el día 6 estarán en el gran Festival Tecate Supremo de Ciudad Juárez y cerrarán el 7 de ese mes en Almoloya del Río, Estado de México. 

 

Posiblemente, para esas fechas tenga lugar un re-encuentro con su padre mexicano y surja un momento más para transpirar alegría.

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