Don Jorge 

Arte y sentimiento

en su oficio

Febrero 21, 2019.

Con 81 años de edad, don Jorge Reyes Hernández es peluquero en su negocio propio, una estética que lleva su nombre en la entrada y se ubica frente a la histórica Alameda de Santa María la Ribera.

A su consideración, el trabajo de peluquero encierra arte y sentimiento, asegura que “no solo se trata de tirar tijeretazos” y que la mayor de sus satisfacciones es ver cuando los clientes salen felices.

 

 

 

 

Las historias y tijeras de cada corte

Asegura que "no solo se trata de tirar tijeras", y que la mayor de sus satisfacciones es ver cuando los clientes salen felices.

Sin saberlo, a muy temprana edad don Jorge descubría su vocación en el oficio gracias a una sencilla labor que desarrolló en su hogar. Su padre se dedicaba a la construcción de departamentos y no estaba en casa, así que él, por iniciativa propia decidió ofrecer cortes de cabello para las personas más humildes.

En aquel entonces, la técnica de corte era sólo con tijeras, no existían máquinas para delinear, pero eso no fue impedimento para él, señores y señoras quedaban complacidos y agradecidas por el corte o lavado de cabello que generosamente les aplicaba don Jorge, quien nunca imaginó llevaría a cabo esta actividad por el resto de su vida.

Con el tiempo se hizo algo de fama y, años después un vecino lo invitó a trabajar en una estética para damas. Ahí comenzó su profesionalización y su gran gusto por los cortes de cabello. Transcurrido un lapso, con más experiencia en el oficio y ante la falta de trabajo en aquel lugar, el joven peluquero se aventuró a instalar su propia estética en una zona que formaba parte de los rumbos que recorría a diario, una de las primeras colonias de la Ciudad: “Santa María la Ribera era hermosísima, caminaban mujeres muy bonitas, tenía neverías, dos cines, un ambiente hermoso. Era una colonia con armonía, en ese tiempo no había asaltos”, recuerda con nostalgia.

El arranque de su negocio hace 40 años, dio empleo a varias personas y en él permeaba un ambiente de unidad entre el personal, todos se dividían y pagaban los gastos que se generaban. Sin embargo, la avaricia y ambición por el dinero corrompieron a los colaboradores que se quedaron en el camino. Don Jorge persistió y se mantiene en el oficio porque su cometido ha sido desde siempre “ser feliz”.

 

Además del negocio y su dedicación al oficio de la peluquería, don Jorge comparte el nacimiento de sus 3 hijas como su mayor felicidad. Con orgullo, reflexiona el logro que representa que, proviniendo de un padre sin estudios, las tres tengan carreras profesionales en Medicina, Psicología y Filosofía y Letras, respectivamente.

Debido a su actividad diaria como maestro del corte, ha sido testigo de miles de historias, platicadas por sus clientes o experimentadas en carne propia. Dichas anécdotas han sido inmortalizadas en una libreta donde suele escribir.

 

Con verdadero asombro Don Jorge recuerda el momento en que conoció al posible asesino del expresidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. Todo sucedió en la época en que trabajaba en la estética para damas. Al llegar a comer a su lonchería de costumbre, se sorprendió ante la presencia de un hombre extranjero en el lugar. Ubicado en la calle Bernardino Sahagún, era concurrido y casi siempre acudían conocidos. Don Jorge preguntó a la dueña sobre la identidad de aquel hombre, sólo le dijo que se trataba de un gringo que acudía al establecimiento a comer en horarios en que no hubiera gente.

De frente al asesino de Jonh F. Kennedy

Días después aparecieron en la lonchería cerca de 20 hombres de nacionalidad estadunidense que decían ser periodistas del medio Life en español, interrogaron a la dueña del lugar durante largo rato. El lozano peluquero tuvo que cambiar la sede para comer en esas fechas.

 

La confirmación de que, efectivamente, don Jorge tuvo un encuentro con el asesino, llegó varios años después cuando vio circular la foto del hombre en internet y al leer las crónicas del periódico Excelsior que relataban como Lee Harvey Oswald, asesino de John F. Kennedy, se reunió con funcionarios socialistas en la Ciudad de México y se hospedó en un hotel de la Colonia Guerrero.

En otra ocasión, don Jorge atendió en su estética a una maestra panameña que le dejó una propina de 100 dólares. Ante la sorpresa por tal cantidad de dinero, el peluquero le preguntó su nombre y ella respondió: Beatriz Torrijos.

 

Inmediatamente y gracias a su gusto por la política, don Jorge supo que tendría algún parentesco de hermandad con el general Omar Torrijos, líder del golpe de estado en Panamá en 1968.

 

El maestro de las tijeras no dejó escapar la oportunidad y, en la despedida, le expresó la admiración que tenía por su hermano y le recomendó cuidarlo mucho; días después, Omar Efraín Torrijos Herrera, nombrado como el “Líder Máximo de la Revolución Panameña” murió en un polémico accidente aéreo en 1981.

De corte a la política panameña

Inmediatamente y gracias a su gusto por la política, don Jorge supo que tendría algún parentesco de hermandad con el general Omar Torrijos.

Don Jorge investiga y gusta de leer, asegura que parte de ser “buen peluquero” es estar informado o, por lo menos, saber responder a la plática que quiera hacer el cliente, sin importar que sea de política, deportes o hasta espectáculos. La historia obligada que tuvo que investigar es la del Kiosko Morisco de la Alameda de Santa María la Ribera, pues sus clientes e incluso extranjeros que lo visitan, suelen preguntar sobre la arquitectura que está a pocos metros de su estética. 

Las manos que durante 65 años se han dedicado al arte de cortar y teñir cabello aún no se detendrán. Don Jorge señala que sus manos aún tienen juego y que la mejor compañía son sus tijeras afiladas y su inseparable peine. Su filosofía en esta etapa de su vida se resume con la frase: “Mientras saque para comer, soy feliz. Ya no me importa nada”.

 

Como un ejemplo de constancia, dedicación y amor a su familia y trabajo, recomienda para los lectores de Cuéntame Bien: “estar siempre activos y dar lo mejor de nosotros mismos”.

Manos que aún trabajan...

"Mientras saque para comer, soy feliz. Ya no me importa nada".

youtube.png
facebook.png
instagram.png
twitter.png

© 2018 creado para Marco Antonio Bravo Bedolla